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Seguidilla de mis fuentes: Fuente Barranquillo.

Y de mi Abla, las fuentes, lo primero, donde beber amaneceres por entre luceros.
A Rebañar el frescor de mis fuentes.
Hoy, muy de madrugá, aun cuando el día ni clareaba, me he lanzado a columpiarme en el azul nítido de mi sueño… Y el sueño me ha llevado a la fuentecilla del “Barranquillo”.
Cigarrones, santanicas, colorines, verderones, bichillos todos, a por su agüica.
¡Cuánta sed no habrá saciado!
¡Cuántas notas, para mi Seguidilla!
¡Cuánto sueño por soñar, bajo su cañilla!
Recuerdo, en los largos días del verano, en esos mediodías en los que se asaba todo, cuando nuestras madres nos mandaban con las cestas del almuerzo recién hecho para a nuestros padres que antes de pintar el día se habían ido a la vega.
Recuerdo, cómo lo primero que hacían, cuando no veían aparecer, era, abrir la fiambrera para oler la fritá aún caliente y mandarnos a llenar el pipote a la fuentecilla que lagrimeaba por su cañilla.
Y los domingos, de balsas.
El Barranquillo, grietecilla oscura y un poco siniestra, se tupía de raros silencios. Cuando los domingos bajábamos de bañarnos en las balsas de Josesota y de la Plancha, para acortar camino, nos adentrábamos con cautela y mucho miedo por entre sus taráis y su cañaveralillos. Y, casi siempre, cuando del balate que le entallaba a ambos lados, salía algún ruidillo sospechoso, salíamos corriendo.
…
¡ Pero
…cuidado fuentes!
¡Pero, cuidado cimbras!
que el lagrimear de mi Barranquillo
es sólo, de mi ansia por ti, brizna!
¡Pero tú, fuentecilla, sólo esperas la noche para recostarte y encenderte en el regazo de tu estrellilla tiritona!
Sole Venegas.
