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La Remija de Abla

Retazos de Sanantón: Callejón de la Amargura

"La Remija"

Desde donde tú sólo sabes, desde donde sólo tú has estado, Sé, que en hilillos se han ido vaciando tus esperanzas, aun sabiendo que nunca llegarían más allá.

Y Sé, que por tu callejón, con avidez, te has empinado para saciarte de sanantón, y este, asiéndote con ternura, te ha tomado.

Pero también sé, que tú, cruda; que tú, muy cruda, has huido por entre sus corrales quietos haciéndote escarcha.

Pero...

EN Qué lúgubre dimensión, quien sí lo sabe todo, te habría colgado, que olvidada, tirada, sin destino, te ocultaba con vergüenza.

Qué Largo se te hizo el camino por entre llanuras, cuestas y llanto. Qué eterno el peregrinar por entre los mordiscos ciegos de aguardiente y vino rozados de espanto.

 

Y es por eso, que hoy quiero, REMIJA, que en mí, tus garbanzos "tostaos" se prendan de domingo, de fiesta.

¡Cómo recuerdo aquellos domingos por la carretera!
Cómo, mientras paseábamos atrapando oscuridad, nos lamíamos los labios de yeso. ¡ Cuánto sabor en tiniebla, qué dulzor de embeleso!

 

Me decía mi abuela, que la Remija llenaba las calles de pandereta y chirigota, pero que fue una triste mujer, que vivió y murio su ebria soledad desesperadamente sola. Eso sí, se dice en un cuentico de la época, que San Antón la acogió, como era, y que cuando murió, la llevó directamente con él sin preguntas, ni " ná", para que viviese eternamente en ese lugar que dicen de los elegidos, en esa dimensión que en vida, alguien, y sí sabe quién, debiendo darsela, se la escondió.

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11/02/2008 20:15 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: San Antón No hay comentarios. Comentar.

Por San Antón... en Abla

Por San Antón

 

Texto: Sole Venegas

 

17/ Enero/2008 

 

Por Sanantón…, y por Sanantón, un montón.

 

Un montón de lumbres, un montón de porrón, montones de rosas, arrumacos en flor; montón de montones… montón de montón… y por Sanantón.

 

Cuando creas que lo has visto todo, yo te digo, viajero, de Abla aún nos has visto "ná" , pues donde parece que muere mi pueblo, allí, justamente allí, mi sierra " callá". Y en la última revuelta, tras la ermita : laheros y huertas, que se me clavan al recuerdo, como a las nubes viajeras por allí las clavan las pitas…. Y por San Antón.., y por sanantón, cuánto no daría yo…

 

¿ Recuerdas mi noche? La noche que por sanantón, Abla se engalana y siembra mis calles de gente y de llamas.


¿ Recuerdas?


Y cómo, para saltar las lumbres, íbamos por los cañaverales para elegir esa caña fuerte y hueca, y que para ver que no se tronchase, la probábamos brincando balates, brincando acequias.


¿ Recuerdas?

¿Recuerdas? cuando, desde las Llanadas, para que me columpiase, me lanzabas nubes, cometa, para soñar que soñábamos, como sueñan con sed las molinetas.


Lumbres, rosas, vino joven en porrón… Y por San Antón..., y por sanantón, qué no daría yo.

Abla

 

 

Me dice mi abuela, que… ¿sueño o realidad ?: Y cuando después de la noche despertemos, tomaremos marta y papajotes, copilla de mistela y pandehigo. Y aún en la mano la torta de chicharrones, nos iremos hacia los corrales y aviaremos a la burra que tumbada, sin prisa, espera la paja. Cogeremos a la cabrilla con sus dos chotillos y la llevaremos a" Las Huertas", allí, con las "bandás" de gorrioncillos helados bajo el níspero y los nerviosos "pepicos" en el caquero despertaremos también a la mañana.

 

 

Abla puntones

 

Desde allí, veremos cómo, por los puntones, adornadas con toquillas, bajan las mozas de Abrucena bailando seguidillas. Y por el camino de "Las Huertas" y desde muy temprano, burros con serones bien aviados llegan con serranas y serranos, y eso que no es "mercao".

Y del carriche, y de San Roque, y de san juan, suben mozos y mozas a sanantón a volar.

 

…Y cuando el sol perezoso se haya "calentao", entonces, ya, podrá empezar, entre cohetillos, la misa de San Antón.

 

Y será que, como casi siempre, la estampa de siglos se repetirá: Hombres tomando el sol apoyados a la gran pared del frontón que calienta ; las mujeres, dentro de la ermita, rezando por todos con devoción al santo; y los niños, helaícos, metidos en los chales de sus madres, soñando.

Terminada la misa, tras la bendición de los animales, algún que otro cohete y la procesión.

Después, cocido de nabos y para no adormilarnos al frontón de pelota.

Ya por la tarde y como final de la festividad del santo, la carrera de cintas:

Las cintas, por las mozas bordadas, son brazaletes de lumbre que se encienden entre susurros de mozos sin voz.

 

Abulenses, dice mi abuela, que San Antón, bonachón, como siempre sin regañarnos, se despide contento de nosotros como todos los años.

 

 

Texto: Sole Venegas

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11/02/2008 20:12 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: San Antón No hay comentarios. Comentar.


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