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Trilogía de abril : Epílogo

Foto del blog abla: blogia.com
Por San Marcos: Juan “El Gitano” y su mula “roja”.
En mi pueblo hay mucho por ver, pero más por sentir. En mi pueblo por abril se sienten injertos crecer; se siente la nieve salir; se siente el amanecer; se siente vivir.
Por abril, el rayo baja de la sierra para vestir tormentas, galopar por el viento y adornarse de Fiestas.
Pero por San Marcos, desde muy de mañana, con los primeros rayos del día, su calle se enjaezará de cendalillos transparentes para coquetear con la luna dormida.
Y San Marcos por su boca
se irá tragando amaceres,
pitas, paletas, gaviotas;
no, el volar de golondrinas,
que por su sueño de mar,
se hace transparencia rota.
Cuenta mi abuela que…
Ya, desde un poco antes de las fiestas de Abril, acabado el invierno, se abrían los corrales para sacar de las cuadras el estiércol que con las bestias en grandes serones de espato se acarreaba a la vega.
Eran fechas en las que Labraores, arrieros se afanaban en remendar con tomizas y pleitas los aperos de esparto tan utilizados en las tareas del campo. Otros útiles eran llevados a reparar por el fragüero, herrero o carpintero.
En esos días era normal ver en plena calle a los “trasquilaores” con sus largas tijeras, arte en pelaje, acicalando borricos que entre rebuznos preludiaban la procesión del Santo… Y el Santo, deseoso, no se hacía esperar.
De las Llanadas, de Los Puntones, de Los Castillos y Carrichete se van uniendo al cortejo, mulos y asnos ataviados con arrogantes albardas y sus mejores aparejos.
La procesión de San Marcos era larga, muy larga. Recorría todo el pueblo y subía a lo más alto de él para poder enseñarle al Santo y a los animales que le acompañaban, toda nuestra vega en su explosión de primavera.
Desde tan alto, se oteaban los incipientes tonos frescos con esas florecillas postreras en los frutales. Desde allí era fácil entender el esmero con que se atavían nuestros pagos para que le adulemos su belleza: Los Olivares, Las huertas, La manguilla, El Albollón, Fatabla, La Malá, La Gallina y El Morellón...Y cada uno con su peculiar tonalidad que le hacían único.
Después de la bendición desde su era a los animales y bancales, y terminada la procesión, mozos y mozas, para que las burras con sus pollinos retozasen, de paseo, a disfrutar al campo.
…desde la Fuente el Manzano, pasando por Las Peñuela, a Fuente Galindo, pero de la mano para desbocarnos, sólo, bajo la tapia del molino.
Por la tarde, para terminar la fiesta, en el Paseo de San Segundo, “la carrera de cintas”.
Juan, el de la ancha sonrisa, y su mula ”roja”
Son recuerdos deshilachados, dice mi abuela, que se le cuelgan como si no fuesen realidad, como si nunca hubiesen existido. Pero sabe que tú, amigo, enganchado a tu ancha sonrisa, nos esperarás con tu mula “roja” para cabalgar juntos en este recuerdo intangible de abril.
Y de tu calle, Marcos,
de tu calle, Marcos, se me ha olvidado la cara, se la llevaron los emigrantes y ahora, en el recuerdo, sangra.
Sole Venegas
Trilogía de Abril(III): Fiesta de Abril´09

Del álbum de fotos antiguas de Abla en Internet
Cuando te tiente.
Y por la luna tardía de abril, nos atraparán las flores rojas de primavera, que temblequearán con las briznillas frías del rocío que, muy quieto, nos espera con la transparencia del alba. Entonces, cuan colibríes, nos posaremos para libar recuerdos en esos cielos tersos, que nos traspasan y, como forja en fragua, arderemos para encendernos aún más en la “madrugá sin despertá”.
Y será entonces, cuando tú, Abla, amarilla de amanecer, te untarás de fiesta en nuestro sueño de amapola.
Y será entonces, cuando tú, Abla, plumón pardo de gorrión, te vestirás de recuerdo, te acicalarás de azulón y de cal hirviendo. Te engalanarás de tus calles, de tu gente, de tus plazoletillas y de verderol de tus huertos.
Pero... ¡Cuidado, olvido!
...Pero, cuando en esta noche de abril diecinueve, a nuestros Mártires Santos, de nuestras sierras, se le prendan hielos, iza, pueblo, tu mirada y verás los brillitos trémolos de los abulenses en luceros nuevos, de enriquetas “arrevolás, tostaas al sol” y de nuestro último sastre, zurciendo cielos.
Sole Venegas.
Trilogía de abril (II)

Del archivo de Fotos antiguas de Abla en Internet.
...Y por Viernes Santo, yo sólo fui por allí para mirar…
…,pero mi plaza, lentamente, se fue encendiendo para morderme, más lentamente aún, bajo el rubor del mediodía.
Fue entonces, cuando yo, aprisionada, sentí cómo, el “quejío” sin fuente, los descoloríos balcones y los tejados, se pusieron a pensar. ¡Nunca debió suceder!
Hasta aquel momento, yo, allí sola, me entregaba a las calles. Paseaba tranquila, sin prisa, por entre veredas juguetonas y los arbustillos del camino con sus brotes reventones se me escondían vergonzosos de las coquetas florecillas con que se adornaban sus pies; hasta los enamorados, recostados, se resguardaban “pavicos” en la tierra rugosa y mágica, toda fragancia.
¡Nunca debió suceder!
Pero en mi plaza se pensó…, se pensó, y yo sólo había bajado a mi recuerdo para flotar con el sueño; había bajado para soñar, para soñar que no sueño.
Pero en mi plaza, tras un zumbido moribundo, se pensó.
…Y se pensó, cómo llenar infértiles praderas de bueyes. Cómo matar bestias heridas, aunque fuese por su bruta nobleza.
Mil cómos se parieron y no por ignorancia, sí, para poner pesados yugos a esta vasta raza.
Hasta se pensó: “es tu bien”. Palabra.
Se empezó, diciendo: corre.
Se prosiguió, diciendo: anda.
Más tarde, te dicen: duerme.
Para vertical, montado en rayo,
ordenarte: mata.
¡Pobre casta! que se alza, cual palmera sin desierto, o como tronco de cerezo con ligera herida de hacha.
Casta que se mece en viento como hojarasca, o como azote seco que rompe la negra noche del ansia.
PERO…, pero "Los Iluminados , insatisfechos de su obra, pensaron que algo más había que hacer, y fue matar a alguien para que volviera a nacer. Y NOS LO MATARON.
NOS LO MATARON.
Y año tras año celebran el acontecimiento: ver a un hombre todo él sangriento, y que a cientos como él la historia ha visto, pero a éste le llamamos, CRISTO.
Y nos lo recuerdan con cínicas procesiones y con raros pasos, con solemnes cofradías repletas de dioses falsos.
Y pasean por la calle la cruenta verdad de un idilio: QUERER a los demás más que a uno mismo.
Nos lo han robado, dejándonoslo en velas, en altares, en signos, y nos lo han matado, aún más, que en aquellos siglos.
¡Perdón, fiel creyente!
Por mis impíos pensamientos, perdón te pido, pero es que este sangrado CRISTO, más que mi Dios, es mi amigo.
Sole Venegas
Trilogía de Abril (I)

Sólo he viajado a ti para seguir el sueño.
S. Santa ´09: Domingo de Ramos en Abla.
....y entre revueltas muy quietas, tú, Abla, más quieta aún, te me has aparecido majestuosa en un rayo de sol trasparente y asida a nubes rosas que cabalgan colgadas a una sierra alta.
Pero abajo, en mi acá, y no he querido mirar, he visto tentáculos de miseria que sangran al paisaje.
Poco después, cuando me he desviado de la autovía, unos pinaculillos chillones me han saludado, y bajo unos eucaliptos de bienvenida, por “La Calahura”, he podido sentir cómo la infancia se me ha salido a borbotones para volver a vivirte.
En mi pensamiento enredado, sin apenas darme cuenta, una leve subida, la cuesta de Las Ánimas. Y de nuevo, sin dejarme resuello, mi corazón ha brincado y se me ha salido para más pronto llegar a la plazuela con su “cañico” y su pilar: La Cruz San Juan.
¡Albricias!
¡Silencio! que la Plazoletilla y su pilar se han vestido de domingo, con su cura todo albo, y sus monaguillos todo malvos.
La placilla, toda procesión, se ha engalanado de niños, ramillas de olivo, de Palmas que se cimbrean, y que desean, a lomo de nuestra Abla, cabalgar conmigo.
Cuando la ermita de las Maravillas, con su boquilla abierta, se ha ido tragado uno a uno los sueños impregnados de primavera nueva, yo he proseguido con rubor y sin esperar a mi corazón por la fuente cegado.
De pronto, apenas si he andado, dos callecillas interminable me han frenado, y entonces mi mirada imprecisa y quebrada, se ha fugado con el retazo estrecho de azul para tintarse de geranios por los balcones.
Por fin, tras siglos de vacilación, tal vez instantes, la estrecha calle se me ido abriendo y me ha ido llevado, sin prisa, por desfiladeros de ensueño a una gran plaza. Allí, me he vuelto a parar para escuchar el murmullo de mi oscuridad. La plaza, toda silencio, muda y ciega, se ha adornado de mis primaveras viejas:
Y he vuelto a recorrer esa calle con sus pellejeros, sus artesanos y sus tabernas jalonadas por burros y mulas con sus capachos bien repletos en busca de “mercaos” y ferias.
Calle :
con sus tres barberías,
con su escuela,
con su sastrería.
Y he vuelto a sentir el olor inconfundible de la tienda de tela untada en alcanfor. Y, hasta en mi sueño, le “he mercao al tío Pepe un librito de papel “pa la picaura” de tabaco de Lashuertas. Y me he parado para, con mucho sigilo, asomarme por la puerta estrecha y ver las angostas escalerillas del antiguo café.
Y me he detenido un momento en “La Caradios” para santiguarme. Y he comprado mi primera cartilla en la tienda de las Herrerías, y hasta me “he mercao” un trozo de duce de calabaza ¡sueño de Fiestas!
¡Cuánta vida tiene la calle!
...Y su carpintero,
Y mis ganas de beberte
Con su poyato y su zapatero.
Pero, si vida tiene mi calle,
la plaza “ la tié más”:
botica, médico, telas
y soportal,
con su ayuntamiento, vigía,
con su bandera “engalaná”.
Plaza con sus balcones, con sus bares, con su barbería, con su tahona y con la naricilla repingona de su iglesia expía. Plaza que no le falta de “ná”... su fonda de corridas balconadas y su cielo con ansias de mar.
Pero, donde yo creí que mi abla muere, mi abla empieza: retazos de colores, golondrinas negras, callejuelas, callejones, corrales, macetas, cuesta, sanantones, plazoletas abiertas.
Olivares a sus pies, con los rincones de su vega y hasta el ansia de ternerte que en el aire a todo impregna.
Sole Venegas.
