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Desde tu poyato.

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Acto  cultural en “ El  Cafetero”,  Abla, donde agosto se  ha  despertado con la  flor  de  almendro hirviendo.

 

Exposición solidaria “ Unas Flores para  el  Último  Sastre”. 

“Más allá del azul, tu rostro.

Aquí, en lo profundo, cabalgando  por entre la soledad muda, tu dedal, tu  aguja y tus  tijeras haciendo  del  aire  silueta; tu  Antonia,  tus  huertos, tu Chorrillo y  tu  poeta”.

 

 Los  Poyatos

A la  memoria de Palomares y de todos  los que  son  brillitos de  firmamento que  alumbran nuestras  noches   de  poyato.

 

Hoy, la añoranza, para bajar por mis barrancos retorcidos buscando el mar, ha querido colgarse en esencia mastranzo de mis  acequias y, vestida de luna, engalanarse de nostalgias viajeras.

¡No, y mil veces no!

Hoy el recuerdo, con ramalazos de locura, se colgará en la fragancia inconfundible de las tardes de verano, casi noche, cuando por las naricillas de nuestros terraos se esparcía la aroma inconfundible de “papa fritas con sus frescos pimientos fritos ”. Era entonces, cuando la brisilla suave de la anochecida, voraz, pringaba sus dedos de aceite y pan.

 Eran - musitaba mi abuela-, junto al olor a jazmín, los instantes más divinos de la creación.

 

 ¿Recuerdas? ¿Recuerdas, Palomares…?

…ese sabor inconfundible del cine de verano con sus sillas de anea y sus altavoces pregoneros chorreando coplas: Valderrama, La Niña la Puebla, Antonio Molina…, los campanilleros, el emigrante… ¿y nuestros poyatos…?   ¡ay, los poyatos!

        Los poyatos eran surtidores de epopeyas y de chismes que encendían las noches de verano.

Allí, en los poyatos, todo, con exageración y espanto se voceaba, y si el vocinglero apreciaba atisbos de incredulidad o modorra en los oyentes, arreciaba aún más la irrealidad del cuentico. Sólo alguna arradio atrevida reverdecía episodios que se atragantaban de silencio entre  lágrimas bajo la luz amarilla que se adormilaba por los callejones: Radio Pirenaica y un sujetado vuelo zarandeaban de  nostalgia tierra y cielo.

 

        De los poyatos emergían, enganchadas con natural credibilidad, la verdad y la mentira. Eso sí, a la imaginación del relato no le podía faltar esperpénticas gesticulaciones que impregnaban de más realidad lo increíble.

También, cómo no, entre cuentico y cuentico, nuestras abuelas se pavoneaban de las travesuras de sus nietos, que rápidamente se traducían en algún que otro alpargatazo” de nuestras madres al enterarse de nuestra más recientes diabluras.

 

Al calor de la noche se le atusa de sueño.

        Al poyato, lo normal era que los niños y las niñas con nuestros hermanillos colgados llegásemos los primeros y, entre gresca y pellizcos, nos tumbásemos en jarapas extendidas en algún rellano en penumbra. A continuación, iban arrimándose los abuelos y, después de aviar a los animales, se incorporaban los hombres. Las últimas en llegar eran las mujeres y las mocicas, pues se reunían con  todos una vez recogida la cocina.

        Los asientos  para la  tertulia en el poyato o  aledaños (escalón de la calleja, trancos más cercanos, silla de anea),  nunca se alteraban. Era un ritual que se repetía noche tras noche y verano tras verano; y tanto el inicio de la velada  como  el  final siempre se parecían.

        Los mayores: que si, la trilla; que si, la cosecha de garbanzos; que si, la burra ya está vieja; que si, hay que  llenar las  barcinas; que si, El Morellón se nos seca; que si…, que si…; todo,  preocupaciones.

        Los de la jarapa: que si, tirón de pelos; que si, hoy me he subido en una bicicletas peñón fijo y  qué  trapajón me dao. Que si,te gusta Juanita…, que  si, y a ti Joseíllo… Chiquilladas por aquí y barraqueras  por allá.

 

Noches de estío donde manosear lunas y estrellas fugaces por amanecer.

Jarapas, Libélulas, por donde cabalgar por trasparencias nuevas.

 

        Los sucesos y comentarios iban pasando de poyato en poyato dándosele en cada uno su particular interpretación. Pero, de cuando en cuando, un silencio inconfundible preludiaba cuchicheos y chismes nuevos; y esto, siempre, siempre, sucedía cuando una retahíla de mocicas con alguna que otra abuela, ocupando  toda  la  calle, pasaban de  brazalete hacia La Ermita de Las Ánimas.

 

Las abuelas, de rezos. Las  mocicas, aprehendidas a  su manojico de  albahaca, a la carretera a pasear. Y las comparsas de mozos a rondar el jalear.

Y era entonces- suspiraba mi  abuela-, cuando el olor  a  jazmín nos traspasaba ese firmamento repleto  de minúsculos e  intensos brillitos que nos   envolvía en  las ansiosas  noches  de verano.

 

Los Martinicos.

Pero, cuando en esas noches algún golpe seco salía o se adentraba por las ventanas, era cuando algún viejo malintencionado, a sabiendas que los de la jarapa éramos todo oídos comenzaba a contar esas historias, esas historias de eso, sí, de eso que  ni  quiero nombrar…

Y era entonces, cuando los  de la jarapa desaparecíamos e íbamos a acurrucarnos temblando en las faldas de nuestras madres y abuelas. Ellas mimosas nos acogían y refunfuñaban a los abuelos que con risas más  estridentes proseguían metiéndonos  el miedo por  todo  el  cuerpo…:” y seguro que se están comiendo las papafritas que han sobrao ¡estos martinicos, son unos demonios, lo andan todo! ¡ Ya veréis, ya  veréis ahora  cuando subáis a acostaros!

 

¡Qué noches!

¿Recuerdas? ¿Recuerdas cómo, allá, por El Pecho, nos tragaba la noche tenebrosa por su boca abierta.

¿Recuerdas, cómo nos ocultábamos temblecosos, con mucho miedo, al sin dormir de los golpes de la noche en nuestra cama?

 

Pero el  aire en  esta noche, en mi sueño de poyato de verano, me lanzará  irrepetibles destellos de esos nuestros  firmamentos estrellaos con siluetas de fuego en  flor  y  los suspiros de  tu  poyato y mis  terraos.  

  Sole Venegas

01/08/2009 23:06 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: Abulenses Hay 4 comentarios.

Los Manolos 'los barberos' de Abla

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¿?Años  60 "El fajes" portero de fútbol de  Abla.

No es  seguro que este personaje del relato esté en la foto.

Del archivo de totos antiguas  http://www.flickr.com/photos/ablaeninternet

Retazos de recuerdo:

Los manolos, los barberos, nubes del norte, en caoba, nos los parieron…

En los sesenta, tal vez peor que los cincuenta, nuestras calles se llenaron de huida en busca de pan.

La uva, la uva o quien se la llevara, despojó a un pueblo noble de nobles reses bravas…

En “Pateras y cayucos” me decía mi abuela, haber visto desde la terrera, sangrar al río por entre sus desérticas atochas y secas sementeras. Me decía, que era desde allí, desde Abla su copa, desde donde se veía diariamente la fuga de nuestra juventud achicharrada con sus maletas muy llenas de esperanza.

Los manolos, los barberos, en zinc y tierra envueltos, nos los envolvieron…Y en donde nuestra sierra sueña flores, allí, desde lo alto nos los tiraron... Y en la loma calva del llanto, creyéndolos esparto, nos los clavaron.

Fueron días espantosos, días donde el sentir que si pesaba, se masticaba por nuestras calles; y todos, todos, hundidos, mirábamos arriba para poder seguir creyendo.

...“El fajes” el barbero, sueño alemán…, y por febrero.

Pelao en Abla

Barbería de Abla

¿Por qué?

Era la pregunta que a todos nos mordisqueaba dentro y que, para no morir todos a la vez con ellos, buscábamos la respuesta, la única respuesta. Nuestras creencias empezaban a no soportar más la duda…, pero la nieve blanca se hacía altura, y la altura, con una ligera brumilla, Fe… Pero los “pinaculillos vetustos” cercanos se nos abrazaban apenados y nos acompañaban en el sollozo y en la tiniebla que empañaba al alma.¿Por qué? La pregunta durante mucho tiempo se fue agarrando al ser que amargamente desesperaba; pero todo, absolutamente todo, repleto de dolor y resignación se fue sometiendo a un cielo impasible e inmutable, a un cielo indecentemente transparente y radiante.

Los manolos, los barberos, nubes del norte, en caoba, nos los parieron.

Los manolos, los barberos, en zinc y tierra envueltos, nos los envolvieron.

Los manolos, los barberos, sueño alemán…, y por febrero.

Amigos, desde cualquier mundo en que nos hallemos y con vosotros como quilla, nos iremos arrimando lentamente, muy lentamente, a la sien de nuestra rambla, al sin fin de nuestra orilla.

Me decía mi abuela, que muchas veces el recuerdo se esconde del propio recuerdo. Pero que este retazo  trágico de recuerdo, sólo desea ser el sueño de una noche de invierno. Una de esas noche de febrero en la que los olivos, tercos, sólo quieren sentir el vareo, tañer de cáñamo teñido, fuego, deseo; chirriar de riscos en llanto: carrichete, calle real, paseo.

Sole Venegas.

 

 

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13/02/2008 15:45 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: Abulenses Hay 3 comentarios.

Desde el recuerdo: 'La Enriqueta' de Abla

Texto: Sole Venegas

 01/XII/2007

Detrás de un buen hombre, no dudes, una gran mujer.

 

Este nuestro pueblo, dice mi abuela, ha estado plagado de pequeñas mujeres. Mujeres que prendieron de fuego calles, plazuelas y callejones. Mujeres que se hicieron pueblo....

… La Chachica” , “La Pipitilla” “La Remija” “ La Parrancana” “La Rola” “ La Respeta” "La Chacha juana" "La perdía"....

 

Es mi pueblo, me mira nostálgica mi abuela , pequeñico, repleto de diminutos personajes que lo han hecho más pequeño aún, si cabe.

 

Es mi pueblo, como debe ser un pueblo…. Dejemos lo grande para los grandes...

 

Hoy, desearía que mi recuerdo, en pequeñico, me llevase a esa gran amiga mía  de juventud, si es que entonces teníamos juventud, “La Enriqueta”; cuántas alpargatas habrá rompío, y cuántos surcos de callejones el tiempo aún no habrá tapado.

 

¡ Qué fuerza! ¡ Qué bravura! ¡ Qué mujer! ¡ Qué ternura!

 

No dudo, amiga mía, que, seguro, las calles de nuestro pueblo reconocerán tu voz, tu voz, por tu sudor y tu sielencio.

 

Os figuráis, abulenses, me sonríe mi abuela , el día que las calles y los callejones lleven el nombre de los que dejaron impregnada su huella…. Pero huella, huella. Esa huella que el tiempo de la historia no recuerda y sí lo recuerda la cal de un viejo repello. Esa huella que ha tiznado a la gentecilla menuda, al vecino y la vecina, al amigo y al enemigo…Huella que hasta podría recordarla ese beso furtivo junto la pared caliente de alguna de nuestras ermitas viejas...ermitas cristianas, moras, judías ¡ que más da! un beso.

 

¡ qué por un beso! ¡ qué por un beso de aceite que nos pringaba en la oscuridad! ¿ recuerdas?

 

¿Recuerdas? tú, de tu Manolo, y yo, de mi juan.. Besos que Nos sabían a queso, a flores, a retama, a retama...a retama.

 

....Y tampoco pasaría nada, vuelve a sonreír mi abuela, porque cada día, al amanecer, nuestras calles eligiesen su nombre, ese nombre que las hacen calle...

Enriqueta, amiga, tú, madre padre hombre mujer, te mereces que yo te dedique en nuestro pueblo una plazoletica….

 

Plazoletica “ La Enriqueta” Y será allí a donde, desde ahora, te mandaré mis cartas…

 

 

 

¿ qué es de ti, amiga?

 

 Texto: Sole Venegas

 

Abla Enriqueta
Enriqueta, junto a senderistas del Club ’Los Puntones’

 

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13/02/2008 15:21 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: Abulenses Hay 1 comentario.


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