Seguidilla de mis fuentes

Irrepetible soplo.
Cuando esta mañana, en la misa de las once, te sientes junto a tus padres en la iglesia de nuestro pueblo recientemente restaurada, durante un ratito, mientras sale el señor cura con sus monaguillos para iniciar la celebración de Tu Primera Comunión, cierra los ojos y vuela. Entonces, ¡maravilla! de capillas, de arcadas, de sacristía, rezumando de las paredes, brotaran motetes, trinos, gorjeos, que te han estado esperado dormidos durante siglos para despertarse hoy e impregnarse de ti en tu gran día.
¿Recuerdas coro, el trasiego del subir y bajar de niños por las escalerillas para adornar de la iglesia nuestro tesoro.
¡Qué días!:
¡Armonio, niños, algarabía, todos uno, “pa´pintorrear” cielos de imperfectas melodías!
Por Pascua de Pentecostés,
…Pero como la ceremonia pronto termina, vosotras abuelas y abuelos, cansados de tanto mirar, y de casi todo haber visto, tened preparado el chocolate para que el ensueño prosiga. Ir sacando de las arca esas tortas de aceite de “pan dormío” en las que pringar vuestros vuelos de tarde de seguidillas.
Y tú, Jaime, Ascen, Tusti..., ¡mis melindres! no os manchéis los trajes, ni vuestras caras de churretes, que tenéis que estar relucientes todo el día.
Y tú, fuente…, tú, fuente, duerme; duerme y olvida, que sé, y no me lo recuerdes, cuando, ya cincuenta años, en mi Primera Comunión, desde mi inocencia te prometí de ti sed eterna.
Que sé, y no me lo recuerdes, cuando en nuestra tarde mágica e irrepetible, en tu murmullo, muy bajito, me susurraste al oído lo que sentían tus labios en el reflejo insaciable del agua cuando nos bebíamos con sed molineta.
¿Recuerdas, Pepi, qué tarde?
“…Y de Comunión, con sus churumbeles, ponían sus burras, como por San Isidro, a reventar de tallos silvestres y de claveles”.
Sí,
niños, niñas, hace muchos años en los alrededores de Abla había una fuente mágica que sólo tenía un sueño, que era hacerse regalo para la tarde de Nuestra Primera Comunión.
Para ello, se engalanaba con primor y mucho mimo:
Sus paratas se tupían olorosas del verdor del olivo cuando despierta. Sus arbustillos, cuasi flor, de carnecilla tierna y verde con la que se comienza a vestir el verano, se desparramaban por sus suaves ribazos. Y en su intento de pradera, en la bocacimbra, donde a jugar bailábamos, llenábamos por última vez con “almozás” de color de tarde nuestras inocentes manos.
Mas hoy, el sueño de mi fuente abandonada, ajada y vieja, hasta podría ser…, hasta podría ser, entre matorrales escondida, hasta podría ser lágrima fresca.

Bocacimbra de "Fuente Merendica"
Cimbrilla, ortigal de recuerdo, mi promesa…
…casi rozando el Alba, me acercaré a ti para beberte con la oscuridad tranparente de la luna, fría, mansa.
Iré arrimándome a tus ahoguíos para tomarlos en silencio y, con quejíos de aroma de zarza, lanzármelos para que se me resquemen a fuego lento, dentro.
Me asiré a tu mirada para reflejarme en tu aliento; beberte y beberte hasta explotar, monocordes, en la queja de nuestra inacabada seguidilla, hoy, sólo lamento en mi pensamiento.
Y para disimular la amargura, que Por casi Pascua de Pentecostés, a ti, como nuestro armonio, año tras año nos embarga, en silencio, engancharemos a la brisa nuestros labios tersos, que romancearán con olor de mastranzos y nuestros brazos, en yermos desiertos, abiertos.
Pero, Fuente, tú, Calla y duerme, por mí no sigas fingiendo, que sé, porque me lo han dicho las hojillas de nogal con las que ahora te adornas que hoy me esperas alicaída, desalentada, para que, cuando me vaya de “merendica” a Montagón, seguir durmiendo…
¡Qué días aquellos en los que bailábamos seguidillas juntos hasta más allá del atardecer, sintiendo!
¡Qué fresca la grama que al amanecer se nos enredaba al ser, junto a tu címbrica abierta, muy abierta, hirviendo!
Hoy, cuando junio se sueña
“Por la Pileta, no, por la pileta, “Mi Merendica”, rubor que se me sale, me picotea y me pica. Mejor navegamos hacia Montagón, trocillo nuevo de azulón, gotica, donde se cuelguen cachos de noches con sus estrellicas.”
Sole Venegas
Amigo bloguero, a la alborada te espero.

A los Puntones, por la Pileta: donde sestea mi Abla moruna.
Un caminillo empinado que se retuerce suave entre olivos, se esconde anónimo al paisaje. Las piedras que durante siglos son su suelo, hoy, hormigueando al tibio sol, se hacen más presencia. Pero tú, amigo, fatigado, sube y no desesperes, déjate impregnar por latidos de abejaruco que arriba, milenarios, te esperan.
En la cima, gotitas de sudor, en la encrucijada de las calles, Puntones y San Marcos, siéntate, reposa; pega tus oídos a la brisa que en tu rostro se resetea colorá, rosa.
¡Escucha, escucha!..., ¿acaso no oyes niños, pavos, sementeras, hombres y mulos, y el quejio de nuestras eras?
Y cuando llegues a la Alcazavilla, donde mi Abla sestea, esparrama tu mirada. Sé nimbo, bajel. Deambula y cálate de la irrepetible profundidad que te envuelve: lajas, azabaras, huertos, verderones al sol y capullos, en ramillas de celindo, yertos.
Romance en la calle Alba.
A la calle Alba le han hecho un balate, para que desde los Castillos a la aurora la picoteen y la caten. Ojuelos relucientes de mi Fortaleza moruna, que se encienden al amanecer y que se almizclan de siglos y del sabor de aceituna… A la calle Alba le han hecho un balate, para que los Puntones y San Marcos, quimeras de cielo, la picoteen y la caten.
Sole Venegas
Trilogía de abril : Epílogo

Foto del blog abla: blogia.com
Por San Marcos: Juan “El Gitano” y su mula “roja”.
En mi pueblo hay mucho por ver, pero más por sentir. En mi pueblo por abril se sienten injertos crecer; se siente la nieve salir; se siente el amanecer; se siente vivir.
Por abril, el rayo baja de la sierra para vestir tormentas, galopar por el viento y adornarse de Fiestas.
Pero por San Marcos, desde muy de mañana, con los primeros rayos del día, su calle se enjaezará de cendalillos transparentes para coquetear con la luna dormida.
Y San Marcos por su boca
se irá tragando amaceres,
pitas, paletas, gaviotas;
no, el volar de golondrinas,
que por su sueño de mar,
se hace transparencia rota.
Cuenta mi abuela que…
Ya, desde un poco antes de las fiestas de Abril, acabado el invierno, se abrían los corrales para sacar de las cuadras el estiércol que con las bestias en grandes serones de espato se acarreaba a la vega.
Eran fechas en las que Labraores, arrieros se afanaban en remendar con tomizas y pleitas los aperos de esparto tan utilizados en las tareas del campo. Otros útiles eran llevados a reparar por el fragüero, herrero o carpintero.
En esos días era normal ver en plena calle a los “trasquilaores” con sus largas tijeras, arte en pelaje, acicalando borricos que entre rebuznos preludiaban la procesión del Santo… Y el Santo, deseoso, no se hacía esperar.
De las Llanadas, de Los Puntones, de Los Castillos y Carrichete se van uniendo al cortejo, mulos y asnos ataviados con arrogantes albardas y sus mejores aparejos.
La procesión de San Marcos era larga, muy larga. Recorría todo el pueblo y subía a lo más alto de él para poder enseñarle al Santo y a los animales que le acompañaban, toda nuestra vega en su explosión de primavera.
Desde tan alto, se oteaban los incipientes tonos frescos con esas florecillas postreras en los frutales. Desde allí era fácil entender el esmero con que se atavían nuestros pagos para que le adulemos su belleza: Los Olivares, Las huertas, La manguilla, El Albollón, Fatabla, La Malá, La Gallina y El Morellón...Y cada uno con su peculiar tonalidad que le hacían único.
Después de la bendición desde su era a los animales y bancales, y terminada la procesión, mozos y mozas, para que las burras con sus pollinos retozasen, de paseo, a disfrutar al campo.
…desde la Fuente el Manzano, pasando por Las Peñuela, a Fuente Galindo, pero de la mano para desbocarnos, sólo, bajo la tapia del molino.
Por la tarde, para terminar la fiesta, en el Paseo de San Segundo, “la carrera de cintas”.
Juan, el de la ancha sonrisa, y su mula ”roja”
Son recuerdos deshilachados, dice mi abuela, que se le cuelgan como si no fuesen realidad, como si nunca hubiesen existido. Pero sabe que tú, amigo, enganchado a tu ancha sonrisa, nos esperarás con tu mula “roja” para cabalgar juntos en este recuerdo intangible de abril.
Y de tu calle, Marcos,
de tu calle, Marcos, se me ha olvidado la cara, se la llevaron los emigrantes y ahora, en el recuerdo, sangra.
Sole Venegas
Trilogía de Abril(III): Fiesta de Abril´09

Del álbum de fotos antiguas de Abla en Internet
Cuando te tiente.
Y por la luna tardía de abril, nos atraparán las flores rojas de primavera, que temblequearán con las briznillas frías del rocío que, muy quieto, nos espera con la transparencia del alba. Entonces, cuan colibríes, nos posaremos para libar recuerdos en esos cielos tersos, que nos traspasan y, como forja en fragua, arderemos para encendernos aún más en la “madrugá sin despertá”.
Y será entonces, cuando tú, Abla, amarilla de amanecer, te untarás de fiesta en nuestro sueño de amapola.
Y será entonces, cuando tú, Abla, plumón pardo de gorrión, te vestirás de recuerdo, te acicalarás de azulón y de cal hirviendo. Te engalanarás de tus calles, de tu gente, de tus plazoletillas y de verderol de tus huertos.
Pero... ¡Cuidado, olvido!
...Pero, cuando en esta noche de abril diecinueve, a nuestros Mártires Santos, de nuestras sierras, se le prendan hielos, iza, pueblo, tu mirada y verás los brillitos trémolos de los abulenses en luceros nuevos, de enriquetas “arrevolás, tostaas al sol” y de nuestro último sastre, zurciendo cielos.
Sole Venegas.
