Seguidilla de Fuentes Claras: La nota perdida

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                     FuenteAgria 

     Hoy- me dice mi abuela emocionada-, hoy, Sole, no me despertaré, porque no he dormido. Hoy, para envolverme en la madrugá de mi  oscuridad, en trinos de amaneceres me he amanecido.

     Y en estas  mañanas, Sole, son, cuando te preguntas, cómo volver, cuando nunca  te has ido…; y cómo morir, cuando sólo se es  alhelíes en el tierno  piar de aroma, herido. 

 

Seguidillas, seguidillas

en este sin tiempo llegan,

en acordes que van dentro

de mis cuerdas quietas.

 

Seguidillas ,

así son, entre requiebros,

ansia y pena,

como rayos de luna

en tormenta.

     Amigo Puntonero, en esta mañana, que sales de ruta por nuestras fuentes, saluda de mi parte a esas fuentes que  durante el verano han reverdecido; fuentes que han sido sueño de verderones, colorines y mirlos. Y Cuando pases junto a ellas, acércate  para  compartir de tu bota un poquillo de rocío.

      ¡ Ah! y no olvides, darle un pellizco de tu  mochila de ese reciente pandormío.

                            A amasar el arder de mis eras: La ruta  de  mis  Hornos.

... y de  mi Abla, sus hornos, torrenteras hambrientas  de mis  sierras, lo  primero, donde  cocer tiernos amaneceres con  pan  de  centeno.

                                                         Sole Venegas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Seguidilla de mis fuentes: Balsoncillo del Morellón

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   ¡Despierta, que  el  río se  nos  lleva!    

Y    que   La  Seguidilla  de  Abla  sentirá  con  nostalgia  esas  notas perdidas  de  sus  fuentes  secas,  olvidadas…,  de  sus   sendillas  frescas  y  olorosas por  la  maleza, hoy, aprisionadas y abandonadas. Senderillos encarcelados  y  atados que gritan:” ¡libertad!


                                                     Ya,  por  el  Balsoncillo ,te  soñaba.

     ¿Recuerdas, Fuente Los  Caces, cuando yo me  arrimaba a tu  bocacimbra    para  besarte  y apartándote un  poquitín, celosilla, me decías con suave  susurro: “¡ya  te  has  perfumado  del  Balsoncillo, y mira, Morellón, que…!”?

   …Pero,  qué  pronto, apenas los  primeros helechos, me  acurrucabas bajo  los  berros, para los dos hacernos uno y arrullarnos por  entre   las  raíces  de los frondosos cañaverales.

     ¿Recuerdas, Fuente, cómo, a oscuras, se  nos desclavaban los ahoguíos, esos desasosiego del alma en su errar en su  intento de  no  ser  río y   fresco manantial  para  ti, para  ti, mi  amada   fuente, nacido?

     ¡ Y cómo, los ahoguíos, ya  trocillos   de alma se nos arrancaban sin queja, como  sin  queja  se  hincaban en el  silencio que  nos ocultaba  bajo las  verdes  y gruesa cañas,  furtivo cielo,  engalanada teja!

 

     ¡Cuánta  vida por  allí esperando  lo  que se nos  escapaba,  fogosas  ansias, que  se apretaban por  entre  raíces y mansas revueltas,  verdes y anchas hojas, aires nítidos que se embelesa, cielo  abierto  que   se   esparrama, azul  sin alambradas ni  verjas!

 

Ya por  los Hernández,  en  Las  Juntas y  sus  milanos…

     Qué quiero ser  tarde, pero  de  esas  tardes  destintás de  verano que oscurecidas bajo  el  sol, casi  luna, nos  va haciendo, juntos, muy juntos,  molino. ¡ Qué  sueños!  Bajo  sus  grandes  muelas hechos los dos, tu y  yo,  blanco  limo  de  trigo!

A Rebañar el frescor de mis fuentes.

    ...y te estoy bebiendo, como si fueses mujer, u hombre,  muy, muy cerca, hasta  me  confundo por  entre tus  frescos veneros. Veneros, mi Sur, lo primero, donde beber amaneceres por entre luceros...

Sole Venegas.

Seguidilla de mis fuentes: Fuente Barranquillo.

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 Y de mi Abla, las fuentes, lo primero, donde beber amaneceres por entre luceros.

 

A Rebañar el frescor de mis fuentes.

     Hoy, muy de madrugá, aun cuando el día ni clareaba, me he lanzado a columpiarme en el azul nítido de mi sueño… Y el sueño me ha llevado a la fuentecilla del “Barranquillo”.

     Cigarrones, santanicas, colorines, verderones, bichillos todos, a por su  agüica.

¡Cuánta sed no habrá saciado!

¡Cuántas notas, para mi Seguidilla!

¡Cuánto sueño por soñar, bajo su cañilla!

 

     Recuerdo, en los largos días del verano, en esos mediodías en los que se asaba todo, cuando nuestras madres nos mandaban con las cestas del almuerzo recién hecho para a nuestros padres que antes de pintar el día se habían ido a la vega.

     Recuerdo, cómo lo primero que hacían, cuando no veían aparecer, era, abrir la fiambrera para oler la fritá aún caliente y mandarnos a llenar el pipote a la fuentecilla que lagrimeaba por su cañilla.

 

 Y los domingos, de balsas.

     El Barranquillo, grietecilla oscura y un poco siniestra, se tupía de raros silencios. Cuando los domingos bajábamos de bañarnos en las balsas de Josesota y de la Plancha, para acortar camino, nos adentrábamos con cautela y mucho miedo por entre sus taráis y su cañaveralillos. Y, casi siempre, cuando del balate que le entallaba a ambos lados, salía algún ruidillo sospechoso, salíamos  corriendo.

¡ Pero

…cuidado fuentes!

¡Pero, cuidado cimbras!

que el lagrimear de mi Barranquillo

es sólo, de mi ansia por ti, brizna!

 

    ¡Pero tú, fuentecilla, sólo esperas la noche para recostarte y encenderte en el regazo de tu estrellilla tiritona!

Sole Venegas.

07/08/2009 12:12 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: Rescoldos. Hay 4 comentarios.

Desde tu poyato.

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Acto  cultural en “ El  Cafetero”,  Abla, donde agosto se  ha  despertado con la  flor  de  almendro hirviendo.

 

Exposición solidaria “ Unas Flores para  el  Último  Sastre”. 

“Más allá del azul, tu rostro.

Aquí, en lo profundo, cabalgando  por entre la soledad muda, tu dedal, tu  aguja y tus  tijeras haciendo  del  aire  silueta; tu  Antonia,  tus  huertos, tu Chorrillo y  tu  poeta”.

 

 Los  Poyatos

A la  memoria de Palomares y de todos  los que  son  brillitos de  firmamento que  alumbran nuestras  noches   de  poyato.

 

Hoy, la añoranza, para bajar por mis barrancos retorcidos buscando el mar, ha querido colgarse en esencia mastranzo de mis  acequias y, vestida de luna, engalanarse de nostalgias viajeras.

¡No, y mil veces no!

Hoy el recuerdo, con ramalazos de locura, se colgará en la fragancia inconfundible de las tardes de verano, casi noche, cuando por las naricillas de nuestros terraos se esparcía la aroma inconfundible de “papa fritas con sus frescos pimientos fritos ”. Era entonces, cuando la brisilla suave de la anochecida, voraz, pringaba sus dedos de aceite y pan.

 Eran - musitaba mi abuela-, junto al olor a jazmín, los instantes más divinos de la creación.

 

 ¿Recuerdas? ¿Recuerdas, Palomares…?

…ese sabor inconfundible del cine de verano con sus sillas de anea y sus altavoces pregoneros chorreando coplas: Valderrama, La Niña la Puebla, Antonio Molina…, los campanilleros, el emigrante… ¿y nuestros poyatos…?   ¡ay, los poyatos!

        Los poyatos eran surtidores de epopeyas y de chismes que encendían las noches de verano.

Allí, en los poyatos, todo, con exageración y espanto se voceaba, y si el vocinglero apreciaba atisbos de incredulidad o modorra en los oyentes, arreciaba aún más la irrealidad del cuentico. Sólo alguna arradio atrevida reverdecía episodios que se atragantaban de silencio entre  lágrimas bajo la luz amarilla que se adormilaba por los callejones: Radio Pirenaica y un sujetado vuelo zarandeaban de  nostalgia tierra y cielo.

 

        De los poyatos emergían, enganchadas con natural credibilidad, la verdad y la mentira. Eso sí, a la imaginación del relato no le podía faltar esperpénticas gesticulaciones que impregnaban de más realidad lo increíble.

También, cómo no, entre cuentico y cuentico, nuestras abuelas se pavoneaban de las travesuras de sus nietos, que rápidamente se traducían en algún que otro alpargatazo” de nuestras madres al enterarse de nuestra más recientes diabluras.

 

Al calor de la noche se le atusa de sueño.

        Al poyato, lo normal era que los niños y las niñas con nuestros hermanillos colgados llegásemos los primeros y, entre gresca y pellizcos, nos tumbásemos en jarapas extendidas en algún rellano en penumbra. A continuación, iban arrimándose los abuelos y, después de aviar a los animales, se incorporaban los hombres. Las últimas en llegar eran las mujeres y las mocicas, pues se reunían con  todos una vez recogida la cocina.

        Los asientos  para la  tertulia en el poyato o  aledaños (escalón de la calleja, trancos más cercanos, silla de anea),  nunca se alteraban. Era un ritual que se repetía noche tras noche y verano tras verano; y tanto el inicio de la velada  como  el  final siempre se parecían.

        Los mayores: que si, la trilla; que si, la cosecha de garbanzos; que si, la burra ya está vieja; que si, hay que  llenar las  barcinas; que si, El Morellón se nos seca; que si…, que si…; todo,  preocupaciones.

        Los de la jarapa: que si, tirón de pelos; que si, hoy me he subido en una bicicletas peñón fijo y  qué  trapajón me dao. Que si,te gusta Juanita…, que  si, y a ti Joseíllo… Chiquilladas por aquí y barraqueras  por allá.

 

Noches de estío donde manosear lunas y estrellas fugaces por amanecer.

Jarapas, Libélulas, por donde cabalgar por trasparencias nuevas.

 

        Los sucesos y comentarios iban pasando de poyato en poyato dándosele en cada uno su particular interpretación. Pero, de cuando en cuando, un silencio inconfundible preludiaba cuchicheos y chismes nuevos; y esto, siempre, siempre, sucedía cuando una retahíla de mocicas con alguna que otra abuela, ocupando  toda  la  calle, pasaban de  brazalete hacia La Ermita de Las Ánimas.

 

Las abuelas, de rezos. Las  mocicas, aprehendidas a  su manojico de  albahaca, a la carretera a pasear. Y las comparsas de mozos a rondar el jalear.

Y era entonces- suspiraba mi  abuela-, cuando el olor  a  jazmín nos traspasaba ese firmamento repleto  de minúsculos e  intensos brillitos que nos   envolvía en  las ansiosas  noches  de verano.

 

Los Martinicos.

Pero, cuando en esas noches algún golpe seco salía o se adentraba por las ventanas, era cuando algún viejo malintencionado, a sabiendas que los de la jarapa éramos todo oídos comenzaba a contar esas historias, esas historias de eso, sí, de eso que  ni  quiero nombrar…

Y era entonces, cuando los  de la jarapa desaparecíamos e íbamos a acurrucarnos temblando en las faldas de nuestras madres y abuelas. Ellas mimosas nos acogían y refunfuñaban a los abuelos que con risas más  estridentes proseguían metiéndonos  el miedo por  todo  el  cuerpo…:” y seguro que se están comiendo las papafritas que han sobrao ¡estos martinicos, son unos demonios, lo andan todo! ¡ Ya veréis, ya  veréis ahora  cuando subáis a acostaros!

 

¡Qué noches!

¿Recuerdas? ¿Recuerdas cómo, allá, por El Pecho, nos tragaba la noche tenebrosa por su boca abierta.

¿Recuerdas, cómo nos ocultábamos temblecosos, con mucho miedo, al sin dormir de los golpes de la noche en nuestra cama?

 

Pero el  aire en  esta noche, en mi sueño de poyato de verano, me lanzará  irrepetibles destellos de esos nuestros  firmamentos estrellaos con siluetas de fuego en  flor  y  los suspiros de  tu  poyato y mis  terraos.  

  Sole Venegas

01/08/2009 23:06 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Tema: Abulenses. Hay 4 comentarios.

Seguidilla de mis fuentes

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      Irrepetible soplo.

     Cuando esta mañana, en la misa de las once, te sientes junto a tus padres en la iglesia de nuestro pueblo recientemente restaurada, durante un ratito, mientras sale el señor cura con sus monaguillos para iniciar la celebración de Tu Primera Comunión, cierra los ojos y vuela. Entonces, ¡maravilla! de capillas, de arcadas, de sacristía, rezumando de las paredes, brotaran motetes, trinos, gorjeos, que te han estado esperado dormidos durante siglos para despertarse hoy e impregnarse de ti en tu gran día.

      ¿Recuerdas coro, el trasiego del subir y bajar de niños por las escalerillas para adornar de la iglesia nuestro tesoro.

     ¡Qué días!:

     ¡Armonio, niños, algarabía, todos uno, “pa´pintorrear” cielos de  imperfectas melodías!

Por Pascua de Pentecostés,

     …Pero como la ceremonia pronto termina, vosotras abuelas y abuelos, cansados de tanto mirar, y de casi todo haber visto, tened preparado el chocolate para que el ensueño prosiga. Ir sacando de las arca esas tortas de aceite de “pan dormío” en las que pringar vuestros vuelos de tarde de seguidillas.

     Y tú, Jaime, Ascen, Tusti..., ¡mis melindres! no os manchéis los trajes, ni vuestras caras de churretes, que tenéis que estar relucientes todo el día.

     Y tú, fuente…, tú, fuente, duerme; duerme y olvida, que sé, y no me lo recuerdes, cuando, ya cincuenta años, en mi Primera Comunión, desde mi inocencia te prometí de ti sed eterna.

     Que sé, y no me lo recuerdes, cuando en nuestra tarde mágica e irrepetible, en tu murmullo, muy bajito, me susurraste al oído lo que sentían tus labios en el reflejo insaciable del agua cuando nos bebíamos con sed molineta.

¿Recuerdas, Pepi, qué tarde?

     “…Y de Comunión, con sus churumbeles, ponían sus burras, como por San Isidro, a reventar de tallos silvestres y de claveles”.

 

     Sí,

     niños, niñas, hace muchos años en los alrededores de Abla había una fuente mágica que sólo tenía un sueño, que era hacerse regalo para la tarde de Nuestra Primera Comunión.

      Para ello, se engalanaba con primor y mucho mimo:

      Sus paratas se tupían olorosas del verdor del olivo cuando despierta. Sus arbustillos, cuasi flor, de carnecilla tierna y verde con la que se comienza a vestir el verano, se desparramaban por sus suaves ribazos. Y en su intento de pradera, en la bocacimbra, donde a jugar bailábamos, llenábamos por última vez con “almozás” de color de tarde nuestras inocentes manos.

     Mas hoy, el sueño de mi fuente abandonada, ajada y vieja, hasta podría ser…, hasta podría ser, entre matorrales escondida, hasta  podría ser lágrima fresca.

 

Bocacimbra de "Fuente Merendica"

Cimbrilla, ortigal de recuerdo, mi promesa

     …casi rozando el Alba, me acercaré a ti para beberte con la oscuridad tranparente de la luna, fría, mansa.

     Iré arrimándome a tus ahoguíos para tomarlos en silencio y, con quejíos de aroma de zarza, lanzármelos para que se me resquemen a fuego lento, dentro.

     Me asiré a tu mirada para reflejarme en tu aliento; beberte y beberte hasta explotar, monocordes, en la queja de nuestra inacabada seguidilla, hoy, sólo lamento en mi pensamiento.

 

     Y para disimular la amargura, que Por casi Pascua de Pentecostés, a ti, como nuestro armonio, año tras año nos embarga, en silencio, engancharemos a la brisa nuestros labios tersos, que romancearán con olor de mastranzos y nuestros brazos, en yermos desiertos, abiertos.

 

     Pero, Fuente, tú, Calla y duerme, por mí no sigas fingiendo, que sé, porque me lo han dicho las hojillas de nogal con las que ahora te adornas que hoy me esperas alicaída, desalentada, para que, cuando me vaya de “merendica” a Montagón, seguir durmiendo…

      ¡Qué días aquellos en los que bailábamos seguidillas juntos hasta más allá del atardecer, sintiendo!

      ¡Qué fresca la grama que al amanecer se nos enredaba al ser, junto a tu címbrica abierta, muy abierta, hirviendo!

 

Hoy, cuando junio se sueña

 

     “Por la Pileta, no, por la pileta, “Mi Merendica”, rubor que se me sale, me picotea y me pica. Mejor navegamos hacia Montagón, trocillo nuevo de azulón, gotica, donde se cuelguen cachos de noches con sus estrellicas.”

 

Sole Venegas

 

 

30/05/2009 11:05 Autor: solevenegas. Enlace permanente. Hay 1 comentario.


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